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Viaje al Páramo del Sol

Mauricio López Rueda

 

Hasta hace apenas un año no se podía viajar en avión hasta el municipio de Urrao, segundo municipio antioqueño que, después de Medellín, tuvo pista de aterrizaje, la cual, desgraciadamente, tuvo que ser cerrada durante 18 largos años. 

El aeropuerto está ubicado a cinco minutos de la cabecera municipal del pueblo que vio nacer a Rigoberto Urán, en los terrenos donados por Francisco Piedrahíta Pino, más conocido como Alí Piedrahita, nombre que lleva el aeropuerto de Urrao.

Hasta allí volamos junto a Manuela Tejada, en un cómodo viaje de veinte minutos de duración desde nuestro Aeropuerto Olaya Herrera, proveído por el Grupo San Germán Express. Manuela se conmueve con la majestuosidad del valle del Penderisco, que se anuncia desde el mismo vuelo a través de una variopinta vegetación e interminables cuencas hídricas. 

En la Finca Hotel Las Araucarias, Albeiro Moreno, nos habla de las bondades culturales y naturales del pueblo, tales como los miradores del alto de La Peseta y el cerro Escubillal. También nos cuenta de la historia de las Araucarias, frondosos árboles provenientes de Chile y que pueden vivir hasta 100 años. “Se puede hacer un tour Agroturístico y Cultural y uno del Café y la Arqueología. También se lleva a cabo avistamientos de aves y recorridos al Páramo del Sol”, resume Moreno, mientras Manuela toma atenta nota. 

Después de obtener esa valiosa información, Manuela visita la finca de León Segura Higuita, un agricultor orgánico cuyos proyectos productivos le han servido para sostener a su familia y proveer de alimentos a cientos de habitantes de Urrao y Medellín. 

Manuela toma un azadón y, con las mangas de la camisa remangadas, construye surcos y desyerba el terreno para una nueva siembra. León la supervisa y elogia su entrega en el trabajo, actitud que convence a la citadina de la famosa hospitalidad urraeña. 

León siembra brócoli, coliflor, plátano y habichuelas, entre otros productos, los cuales van a parar en las cocinas y almacenes de la Ecotienda de Leidy Johana Montoya, pues así como él, otra decena de campesinos también hacen agricultura orgánica y tienen un convenio con este emprendimiento que surgió a partir de la iniciativa de potenciar los cultivos orgánicos, abriendo un mercado inexistente en las tierras del Cacique Toné.

Al otro día, a las 4:30 de la mañana, Manuela se encuentra con el guía que la llevará hasta el Páramo del Sol, paraje descrito con magistral precisión por Antonio José Arango Urrego, padre de la geografía urraeña.

Alfonso Rodríguez es el encargado de llevarla por el extenso sendero hasta ese paraíso de frailejones y orquídeas, ubicado a más de 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar. 

Envían las carpas y los alimentos con un arriero, quien toma el camino de El 14, mientras que ellos se van por la trocha de Proaves, la cual los lleva, después de pasar algunos valles con semovientes arrumados en las veredas, hasta la Reserva Natural de las Aves Colibrí del Sol, fundada en 2005. Allí llegan pasado el mediodía y luego de seis horas de caminata, en la cual disfrutan de la vegetación, las frutas silvestres y las aves. Alfonso comenta que este es su viaje al páramo número 189, y que el primero lo hizo en 1989. 

En la reserva son recibidos por Yeimy Bibiana Ulla, quien les explica la importancia del bosque alto andino y del páramo, no sólo para la vida silvestre, sino también para la sostenibilidad de los cultivadores, pues en el páramo nacen varias quebradas que alimentan con su agua los territorios de Caicedo, Frontino, Abriaquí y Urrao, entre otros.

Recorren durante dos horas más a través de hileras de robles, sietecueros y moras silvestres, y por fin llegan al sitio llamado Piedra del Oso, un llano cerca del alto del Burro, donde instalan los campamentos para disponerse a descansar y comer. Al otro día recorren las extensas praderas llenas de frailejones y fuentes de agua cristalina. 

De regreso al municipio, Manuela pasa su última noche en la Finca Hotel Villa Laura, en donde el agua caliente de un jacuzzi la repara de todo su esfuerzo. 

El capítulo de Urrao termina con una promesa de regreso a ese paraíso enclavado en la Cordillera Occidental, al cual se puede viajar en tan sólo veinte minutos desde Medellín en avión. 

 

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