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Un académico amante de Medellín

Mauricio López Rueda

 

Piedad Vélez Montoya recuerda a su abuelo sentado en el patio de la vieja casa de Pichincha con Girardot, comiendo aceitunas y alcaparras, y escuchando alguna melodía de Beethoven o Schubert. Esos momentos de solaz fueron escasos en la vida de Carlos Nicolás Pedro Marcelino Vélez Botero, prestigioso abogado de la Universidad de Antioquia, nacido en Yarumal y alcalde de Medellín entre 1925 y 1929.

A Piedad le gusta su recuerdo, sobre todo porque su abuelo, cuando la veía, sonreía y la llamaba para que se sentara junto a él y disfrutara de la excelsa música clásica. 

“Yo tenía unos cuatro o cinco años, y él me cargaba y me daba aceitunas. Creía que me gustaban las aceitunas, pero yo se las recibía por amor. Eso pasaba más que todo los domingos, cuando toda la familia se reunía en la casa de Pichincha con Girardot, donde hoy están las Torres de Bomboná”, cuenta Piedad, quien estuvo presente, junto a su hermano Luis Bernardo Vélez, en el homenaje que el Establecimiento Público Aeropuerto  Olaya Herrera le hizo a Nicolás Vélez y a otros promotores del aeropuerto.

“El ayudó mucho a conseguir permisos, terrenos y dineros para sacar adelante el sueño de Gonzalo Mejía de construir un aeropuerto. Se logró en su período como alcalde y ese aeropuerto se llamó Campo de Aviación Las Playas, hoy día Olaya Herrera”, resume Luis Bernardo, concejal electo de Medellín. Luis Bernardo no tiene muchos recuerdos de su abuelo, pues no lo vio tantas veces como su hermana. Sin embargo, sí lo tiene como un ejemplo, como un referente de vida. 

“Fue un gran abogado penalista, fue notario segundo de Medellín. Se dedicó mucho a las leyes. Siendo profesor ayudó a fundar la UPB. Se casó con Sofía Díaz Mejía, que era prima de Epifanio Mejía. Era muy dedicado a la academia, a la familia, a la ciudad”, expresa Luis Bernardo, quien agradeció el homenaje que se le ofreció a su abuelo. 

“Muchas veces se nos olvida lo que ocurrió, lo que otros hicieron por esta ciudad, se nos olvida el legado, y por eso estos homenajes son tan importantes, porque nos recuerdan que hubo gente que luchó, aportó y trabajó por esta ciudad. Este aeropuerto es muy importante porque moviliza a millones de personas y le sirve mucho a la región. Para mí, este homenaje tiene un gran significado porque recuerda la historia de grandes personajes, y la historia de este aeropuerto”, señala. 

Nicolás Vélez contribuyó mucho con el crecimiento de Medellín. También lideró varios proyectos de seguridad para librar al centro de Medellín de ladrones y bandoleros. Promovió la construcción de escuelas y albergues para gente pobre y niños abandonados, y siendo profesor de la Universidad de Antioquia, se juntó con otros maestros y algunos estudiantes y ayudó a fundar la Universidad Pontificia Bolivariana.

“Él era conservador laureanista, pero tenía buen corazón. En la Universidad de Antioquia lideró muchos debates
políticos y académicos, en los cuales se promovió la idea de construir la UPB”, recuerda Luis Bernardo.

Nicolás Vélez dejó una huella imborrable en la vida pública de Medellín. Sus esfuerzos por la ciudad y por la academia lo tienen en los primeros renglones de la historia de la capital antioqueña, y en el corazón de los familiares que lo sobreviven. 

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