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Petrona, una joya patrimonial de Colombia


Petrona-Martinez

Mauricio López Rueda

 

El rostro de Petrona Martínez, más que arrugas, está hecho de grietas, pequeñas cicatrices que cuentan el pasado de la genial cantaora de San Cayetano, corregimiento de San Juan Nepomuceno, en el departamento de Bolívar. La piel de Petrona no es negra como la de sus antepasados africanos, sino dorada como el Alecre, esa fina madera que crece en los Andes meridionales. Es un rostro alegre y soleado, cuyos pliegues se asemejan a esa telaraña de ríos y arroyos de su hogar en Palenquito, porque Petrona es sinónimo de Caribe, de afrocolombianidad. Tiene 78 años, y aunque necesita ayuda para varias tareas esenciales de la vida, como ir al baño o vestirse, la reina del bullerengue, el fandango y la chalupa domina cada escenario donde se presenta con su arte.

 

El pasado viernes subió a la tarima de la Plaza Gardel, para darle cierre a la final del Festival de Trovas de la Feria de las Flores. Subió con sus nueve músicos, los mismos que la han acompañado en todas partes del mundo por más de 20 años.

 

“Ellos son mi familia, porque yo tengo muchas familias. Todo el que me recibe o me visita se vuelve de mi familia”, dijo Petrona, quien le regaló al público medellinense varias de sus patrimoniales joyas musicales, envueltas en sones vallenatos y mágicos bullerengues.

 

La ganadora de dos premios Grammy cantó mejor que nunca, dejando que el viento de la noche medellinense jugara con su ancho vestido de colores de fruta. Las canciones de la bolivarense son relatos sencillos, humildes poemas a la naturaleza, a los animales, al pastoreo, al mar Caribe.

 

“Mis canciones las escribo en un solo día, a veces hasta en menos tiempo. Yo me siento en una silla mecedora y me pongo a ver lo que pasa frente a mí, y a eso le canto. El mundo está lleno de musas”, contó la maravillosa artista colombiana.

 

No le agradan demasiado los aviones, los aeropuertos, pero sí de escoger se trata, prefiere los terminales pequeños, como el Olaya Herrera. “Me gusta este aeropuerto porque es más tranquilo, más acogedor. Las grandes construcciones me asustan, y hasta me entristecen, pues tapan la naturaleza”, señaló.

 

Petrona es una canción alegre y a la vez un lamento Caribe. Es cultura africana en carne viva, y en Medellín dejó retazos inolvidables de su arte. Y así, al final de su acto, se fue Petrona, remolcada por sus nueve músicos, quienes la tratan como toda una sacerdotisa de la naturaleza, como una “mama grande”, como la abuela sagrada de todo el litoral bolivarense.

 

Petrona-Martinez

 

 

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