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Paraíso de mar y selva

Mauricio López Rueda


Viajamos  a uno de los municipios más exuberantes del Chocó, Bahía Solano, ubicado en  el golfo de Tribugá, a pocos kilómetros de la frontera con Panamá.

Volando desde el Olaya Herrera, Manuela aterriza en el aeropuerto José Celestino Mutis, nombrado así como homenaje al hombre que lideró la histórica y revolucionaria Expedición Botánica del siglo XVIII.

En Bahía Solano, que tiene ese nombre debido a que en el siglo XVI, un misionero franciscano español, Francisco Solano, naufragó en Punta Huina de camino a Perú, la naturaleza es el principal atractivo. En el día, la marea baja del mar permite la pesca artesanal, el careteo y el senderismo. En las mañanas, navegando cerca a sus costas, se puede disfrutar de uno de los espectáculos más maravillosos del pacífico colombiano: el avistamiento de ballenas. Los cetáceos llegan cada año a alimentarse y a reproducirse en ese paraíso chocoano, entre los meses de agosto y octubre, e incluso algunas veces pueden verse desde la playa. 

Recorremos la cabecera municipal, conocida como Ciudad Mutis, en donde hay una infinidad de lugares donde se puede disfrutar de la suculenta gastronomía del pacífico. Manuela conoce la emisora Litoral Estéreo, 88.3 en la FM, en donde le sugieren qué lugares conocer y cuáles espacios visitar en el recorrido.

Con Claudia Badillo Moreno, secretaria de Cultura del municipio, descubrimos la Cascada del Salto del Aeropuerto, un sitio recomendado para el turismo ecológico, donde las personas suelen relajarse mientras se zambullen en las cristalinas aguas que bajan desde lo profundo del Parque Nacional Natural de Utría.

Manuela se baña en las cascadas, hace careteo en el mar y viaja en lancha por el río Valle. Conoce parte del Parque Natural de Utría, donde se entera de la cantidad de especies que colman la selva chocoana, unas de las 62 zonas protegidas de Colombia, y que también es un resguardo embera. El lugar es esplendoroso y difícil de conocer en un sólo día debido a que posee tres ecosistemas y más de 300 especies vegetales, así como siete tipos de mangles, según lo informa el guarda forestal Fabián Vergara.

En la isla de Playa Blanca termina el maratónico recorrido de Manuela, quien antes de emprender su retorno, conoce un semillero de Alabaos y Arrullos, oraciones y plegarias en forma de cantos que las mujeres chocoanas usan para despedir las almas de sus seres queridos, o para llamar el sueño en los niños.

Finalmente, Manuela conoce a Antonio Cunanpia y junto a él camina por el Jardín Botánico del Pacífico. La caminata le abre el apetito y en Bahía Solano no hay mejor lugar para disfrutar de las delicias chocoanas que el restaurante de Florinda Arboleda, donde aprende a hacer chorizo de pescado, uno de los secretos gastronómicos que los chocoanos comparten con los visitantes.

 

 

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