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Nuestro legado patrimonial

Mauricio López Rueda

 

El 19 de octubre de 1995, por medio del Decreto 1802, fuimos reconocidos como Monumento Nacional, afirmando el valor histórico y la relevancia arquitectónica para la memoria de Medellín y Colombia. A partir del artículo 1º de la Ley 1185 de 2008 pasamos a ser declarados como Bien de Interés Cultural del ámbito nacional.

Por ello, somos un espacio que goza de la protección del Estado, quien es el encargado de “salvaguardarlo, recuperarlo, conservarlo y divulgarlo para que sirva de testimonio de la identidad cultural nacional en el presente y futuro de todos los colombianos”.

Al respecto, el experto en cultura y patrimonio, Oscar Roldán Alzate, profesor de la Universidad de Antioquia, dice: “El Olaya cumple con las tres características que se buscan para declarar un inmueble como bien de interés cultural: importancia histórica, importancia simbólica e importancia arquitectónica. Pero no se puede confundir el aeropuerto, o su pista, que es una cosa, con sus edificios, que son los verdaderos responsables de la declaración”.

A lo que se refiere el profesor Roldán es que la pista cumple con la función operativa, mientras que el edificio pensado y construido por el arquitecto Elías Zapata, que recoge toda la idea de modernismo latinoamericano de mediados del siglo pasado, es lo que ha merecido ser declarado bien de interés cultural.

“El edificio usó cemento expuesto y tiene una bóveda con cuatro arcos, muy pertinente para la época en que fue construido, cuando estaban de moda los arquitectos brasileros. Ese lenguaje arquitectónico es muy paisajístico, le otorga una gran importancia al ser humano, y se asemeja a las estructuras de varios templos de la ciudad, como la Consolata, Santa Gema y San Joaquín. También está el tránsito entre el edificio y la pista, que cuenta con pasillos cubiertos con una gran conciencia paisajística y tropical”, explica Roldán.

Junto con el Aeropuerto de Veranillo, Barranquilla, somos los únicos edificios de vocación aérea declarados bien de interés cultural, en parte porque la construcción fue un reto de ingeniería sin igual. “Es un aeropuerto imposible, enclavado en un valle y con muchos problemas técnicos. Se construyó, creo yo, porque en el terreno ya existía una pista, propiedad de Gonzalo Mejía, quien donó los terrenos”, señala Roldán.

Los Bienes de interés Cultural son un conjunto de inmuebles, áreas de reserva natural, zonas arqueológicas, centros históricos, sectores urbanos y bienes muebles que, por sus valores estéticos, artísticos y técnicos, son representativos para la Nación.

Ser Bien de Interés Cultural de la Nación significa, además, que las nuestras instalaciones no pueden ser demolidas, restauradas ni tampoco ser objeto de una intervención que produzca cambios sin la previa autorización del Ministerio de Cultura; debe tener un plan especial de protección.

“No es fácil administrar un inmueble como el aeropuerto Olaya Herrera, pues implica una gran responsabilidad. Sin embargo, también da una satisfacción inigualable por toda la apuesta cultural que genera. Acá no sólo nos preocupamos por la aeronavegación, por llevar y traer viajeros de un lugar a otro, sino que también nos preocupamos por ofertar un sinnúmero de actividades culturales a lo largo del año, y eso atrae más visitantes y expone más el aeropuerto en los medios de comunicación”, expresa Jesús Sánchez, actual gerente del Establecimiento Público Aeropuerto Olaya Herrera.

Además del valor estético e histórico, poseemos una importancia simbólica construida a partir de historias inolvidables. Algunas trágicas como la muerte de Carlos Gardel, y otras alegres e inspiradoras como las visitas de los papas Juan Pablo II y Francisco I.

No solo somos un terminal áereo, también somos patrimonio: memoria y orgullo medellinense.

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