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Niño, un viajero frecuente

Mauricio López Rueda

 

Hoy Niño está feliz. Menea su cola y corre de un lado a otro oliendo y mordiendo todo aquello que le llama la atención. Les ladra a las aves, a los carros y a otros perros que pasan cerca de donde está y, por si acaso, marca con su orina un pequeño arbusto que crece con libertad en una de nuestras jardineras.

Su madre, Bibiana Álvarez, lo tiene atado a una correa para que no se le escape, pero Niño, acostumbrado a estar con ella en diferentes viajes, jamás lo haría, incluso si tuviera la posibilidad de hacerlo.

Fue diagnosticado con cáncer en el estómago y, por eso, debe viajar constantemente entre Caucasia y Medellín, para ver a un veterinario de confianza en el barrio Rosales.

“Empezó a sentirse mal con mucha frecuencia y por eso decidí traerlo para que lo revisaran. Esto me pone muy triste, porque este perrito ha sido mi amigo durante 13 años”, dice Bibiana.

Niño quizás entiende que está enfermo, pero no dimensiona la magnitud del mal que habita en sus adentros, por eso, después de las vacunas y gotas medicinales que le da el veterinario, hace como si nada estuviera pasando, y se muestra tan feliz como cuando era cachorro. “Él es muy bello, siempre tiene una sonrisa cuando ve que no estoy pasando por un buen momento. Me ladra, se acuesta a mi lado y me mima con sus patitas”, expresa la dueña, quien, en su casa en Caucasia, además de sus hijos humanos: Natalia y Sebastián, tiene otros dos hijos caninos: Dakota y Pogo, dos cachorros de pitbull que, de vez en cuando, también hacen el viaje desde el Aeropuerto Juan White de Caucasia hasta nuestro terminal aéreo, para visitar a otros familiares de dos patas.

Pero Niño les lleva ventaja volando, y todo por el cariño que le tiene Bibiana, quien hace justo 13 años perdió a otro buen amigo: Praga, por parvovirosis. “Fue un momento muy trágico. Perdí a Praga cuando apenas tenía un año de edad y ahí fue cuando una buena amiga me regaló a Niño. Me lo trajo vacunado, en una cuna y con globos de colores. El perrito de inmediato corrió hacia mí, meneando la cola y ladrando como loco. Me quitó la tristeza”, cuenta la señora, quien antes de subir a Niño a un avión, le da un par de gotas de tranquilán, para que no se estrese en la bodega de mascotas.

Y es que para viajar como lo hacen Bibiana y Niño, en avión o avioneta, es necesario cumplir ciertos requisitos dispuestos por la Aerocivil. Por ejemplo, el propietario debe presentar el carné o certificado de vacunación firmado por un veterinario; los animales no deben ser menores a ocho (8) semanas de edad; el pasajero está en la obligación de informar a la aerolínea con 48 horas antes del vuelo, con el fin de prever la disponibilidad de cupo; las mascotas deben viajar en guacal o contenedor flexible y su peso, en conjunto, no debe ser superior a los 10 kilogramos. Los animales de peso superior serán transportados en bodega de carga.

Las aerolíneas tienen diferentes condiciones para el transporte de mascotas, por lo que es importante confirmar la información con la que haya contratado su vuelo. Para vuelos internacionales es necesario tener un permiso y cumplir con unos requisitos impuestos por el ICA, entidad que cuenta con una oficina en nuestras instalaciones, que abre de martes a viernes, donde se pueden solicitar todos los permisos. Las bodegas para mascotas son presurizadas y tienen una temperatura promedio que no baja de los diez grados centígrados.

Niño hoy vuelve a Caucasia, en su guacal de color azul que Bibiana le compró hace un par de semanas, por su cumpleaños. Pronto estará en su casa, en Caucasia, corriendo y jugando con Dakota y Pogo, y esperando que la enfermedad le permita, al menos, un año más de vida junto a sus seres queridos.

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