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Las flores de Efraín y Encarnación

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Por Mauricio López Rueda

 

La familia Londoño Atehortúa creció entre flores, pinos y amaneceres de fuego. Son alrededor de 30 y su estirpe es tradicional en San Elena, corregimiento del oriente de Medellín, debido a que los patriarcas de la prole hacen parte del grupo de ciudadanos que fundaron el Desfile de Silleteros en 1957. Manuel Efraín Londoño y Encarnación Atehortúa sembraron la semilla de una fiesta que florece cada año en la capital de Antioquia.

 

Crecieron en la vereda El Porvenir, entre gerberas, claveles y anturios. Al principio comerciaban con leche, o con legumbres, y las flores las dejaban para adornar los jardines de la casa y atraer colibríes, los pájaros más apreciados por los nietos. Pero en 1956 surgió la idea de hacer un desfile para presentar la belleza de las flores antioqueñas. Entonces la estética pasó a convertirse en una idea de negocio. Muchas familias, imitando a los Londoño Atehortúa, fundaron tiendas en la que hoy es conocida como la Placita de Flórez. Vendían entre quinientas y mil flores diarias, hasta que después del primer Desfile de Silleteros, todo cambió.

 

“Comenzaron a llegar personas de todo el país y hasta del extranjero. Todos querían flores de Santa Elena. Incluso mandaban cartas o llamaban, entonces otras familias siguieron los pasos de mis padres y empezaron a vender rosas, ramos, flores, de todo”, cuenta Tobías Londoño, de 69 años, hijo de Manuel Efraín y Encarnación y heredero de la Floristería Santa Elena, ubicada desde hace 50 años en una esquina de la Placita de Flórez. El negocio de los Londoño Atehortúa comercia mensualmente alrededor de 100 mil flores. De ellas, 25 mil se envían por vía aérea hacia otras regiones de Antioquia y del país.

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“Nosotros tenemos una relación muy estrecha con el Aeropuerto Olaya Herrera, pues allá nos toca ir seguido para supervisar los envíos de flores a Urabá, Caucasia y Córdoba. Del Olaya despachamos hasta 15 mil flores mensualmente, pues no queremos que se nos crezca el negocio y se nos salga de las manos, porque los pedidos son muchos todos los días”, cuenta Tobías. Para que las flores lleguen en perfecto estado a sus destinos es necesario mantenerlas en la cadena del frío, es decir, mantenerlas en temperaturas menores a los cinco grados centígrados. Además, la revisión aduanera debe ser por medio de rayos x, pues las cajas no deben abrirse abruptamente.

 

“Es un negocio de mucho cuidado, pero en el Olaya nunca hemos tenido problemas y tampoco con las autoridades. Todas las flores que enviamos llegan bien a sus destinos”, asegura Tobías, sobreviniente de una familia que se empeña en mantener viva la tradición de las flores en Medellín, a pesar de la competencia con Bogotá y con países vecinos como Ecuador y Venezuela.

 

“Los viejos nos enamoramos con música romántica y flores hermosas. Hay que mantener esa bonita tradición, y por eso la importancia de la Feria de las Flores y el Desfile de Silleteros”, señala.

 

 

 

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