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La Universidad del Aire

Mauricio López Rueda

 

Todos los estudiantes de la Academia de Aviación de Antioquia conocen la historia de ‘El Capi’ José Ignacio Ossa, un envigadeño gomoso de la aviación y quien a finales de los años 50 del siglo pasado obtuvo licencia como piloto privado en el Aeroclub de Medellín, lugar donde tuvo su origen, en 1953, la Escuela Popular Antioqueña de Aviación, Espada, fundada por Ossa y algunos amigos tan “locos” como él, con quienes hizo “vaca” para comprar un avión y enseñar a volar a otros jóvenes entusiastas en la escuela de tierra SAM, Sociedad Aeronáutica de Medellín, extinta aerolínea colombiana.

 

Y los estudiantes conocen de cabo a rabo esa historia porque fue la familia Ossa la que finalmente, en noviembre de 1971, con escritura pública 5320, fundó la Academia Antioqueña de Aviación, formando pilotos, mecánicos a bordo, controladores de vuelo, auxiliares de vuelo, despachadores y radio operadores. La bien llamada “Universidad del Aire” está cercana a cumplir 47 años de vida, todos ellos funcionando en nuestros hangares. Uno de los jóvenes estudiantes de la Academia es Juan Felipe Durango, quien cursa tercer semestre de Técnico en Mantenimiento de Aeronaves. Para él, estudiar allí no sólo es gratificante por los aviones, sino por el Aeropuerto.

 

“El Olaya es un excelente lugar para aprender. Yo me siento muy bien porque aquí no sólo tenemos la pista a disposición y los aviones de enseñanza, sino también todo lo que envuelve al Olaya, la parte del patrimonial, el sentido cultural. Es rico caminar y asistir a conciertos; disfrutar de las exposiciones y de otras actividades. Es un mundo muy bacano”, dice el joven, quien, como todos sus compañeros, ha aprendido los secretos de volar en los diez Piper PA-28 que tiene la escuela, y en los exclusivos simuladores PA-28, King 350, AATD Boeing 737 y AATD A320, el avión más moderno del mundo.

La Academia ofrece cuatro programas: Piloto comercial de avión, Tripulante de cabina de pasajeros, Oficial en Operaciones Aéreas y Técnico en mantenimiento de aeronaves. Cada tres semestres, y tras cumplir las 198 horas de vuelo exigidas por la Aeronáutica Civil, se gradúan alrededor de 60 profesionales, quienes de inmediato se vinculan a importantes empresas como Avianca, Latam y Viva Colombia. Pero enseñar a volar no es la única tarea de la Academia, que ahora le pertenece a Luis Ossa, hijo del difunto José Ignacio. También hay una relación estrecha con nuestros diferentes públicos, mediante visitas guiadas gratuitas: “La Academia tiene visitas gratuitas para la comunidad, los viernes en la tarde. Las inscripciones se hacen vía online y la gente puede visitar el hangar, la pista e incluso la torre de control. Esa actividad es grandiosa porque nos pone en contacto con la comunidad”, confirma Felipe.

 

La Academia Antioqueña de Aviación es un ejemplo de perseverancia en los sueños, de estructura, de disciplina. Sus estudiantes son los mejores donde van, y su marca es respetada en todo el mundo.

“El mundo de la aviación es una pasión, y las pasiones no son caras. La plata que pagamos es una inversión para cumplir nuestros sueños”, dice Felipe, quien está a punto de graduarse y, por fin, cumplir su sueño de volar.

 

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