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El riesgo de las aves en los aeropuertos

Mauricio López Rueda

El avión es uno de los mayores inventos del hombre. En su afán por conquistar los cielos y volar, el ser humano buscó todas las maneras posibles de imitar a las aves, a través de la ciencia, del arte, de la magia. Ese sueño se hizo realidad en 1903, cuando los hermanos Wright hicieron volar una aeronave funcional por primera vez. Desde entonces, el ser humano se ha sentido superior a las aves, y, sin embargo, todavía se ve obligado a contar con ellas para poder volar.

Los aeropuertos no son lugares exentos de fauna. Alrededor de ellos puede haber bosques, quebradas o zonas con gran cantidad de árboles que hacen que los animales silvestres ubiquen sus hábitats o simplemente los utilicen como corredores ecológicos. A veces incluso ingresan a las pistas, impidiendo que los aviones despeguen o aterricen, pues una colisión con un ave puede resultar fatal y, de hecho, hay miles de ejemplos a nivel mundial que lo corroboran.

La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, en 2016, publicó un estudio estadístico que hablaba de más de mil accidentes aéreos causados por aves, desde 1980. Algunos de ellos han sido famosos y han sido llevados al cine.
Foto de Luis Emilio Tobón- ganador del Premio Fotográfico Olaya Herrera liderado por Airplan. En la página de la Aerocivil, la autoridad aeroportuaria de Colombia, se puede leer lo siguiente: “La historia de la aviación ha estado acompañada permanentemente con este tipo de incidentes y se estima que desde 1960 hasta el 2000 por lo menos 78 aeronaves y 201 vidas de civiles al igual que 250 aeronaves y 120 vidas de militares se han perdido en todo el mundo debido a este tipo de impactos. No sólo los aviones presentan este conflicto y se estima que 5 helicópteros han sufrido iguales consecuencias dejando 9 muertos y 9 aeronaves totalmente destruidas. Este fenómeno que se presenta en prácticamente todos los aeropuertos del mundo, se traduce generalmente en incidentes y colisiones de fauna contra las aeronaves produciendo desde la abolladura del fuselaje y los cristales hasta el choque de las mismas contra las aspas de las hélices o la ingestión hacia los alabes de las turbinas en los aviones más modernos”.
El mismo Oliver Wright, uno de los hermanos inventores de las aeronaves, reportó un incidente con aves poco después de su primer vuelo en 1903. Es como si las aves, celosas de ser imitadas, lucharan contra esa nueva y extraña fuerza que usurpó su dominio en los aires.
Por todo eso, las autoridades aeroportuarias han diseñado con el correr de los años diversas estrategias para lidiar con este tipo de problemas, sin dañar a las aves ni mucho menos sus hábitats.

En nuestro terminal, Airplan, la empresa operadora a través de concesión, implementó el programa de Gestión de Riesgo por Fauna, que integra el trabajo de seis profesionales y que opera en seis de los aeropuertos concesionados.
El programa lo que busca es prevenir accidentes, llevando a cabo estudios y clasificaciones de la fauna que se encuentra cerca a cada aeropuerto. Una vez identificada esa fauna, el grupo de profesionales elabora planes para ahuyentarlos de la zona crítica, sobre todo de la pista. Esto lo hacen teniendo en cuenta todas las recomendaciones de las autoridades ambientales.

“Lo que hacemos es implementar medidas pasivas y medidas activas, de acuerdo con las condiciones biofaunísticas y geográficas de cada aeropuerto. Es así como usamos tortas ecosonoras, diferente tipo de pirotecnia, gas propano, aeromodelos y dispositivos lumínicos que lo único que hacen es ahuyentar a los animales”, cuenta Vivian Echavarría, coordinadora del programa de Gestión de Riesgo por Fauna.

Además de estas medidas de choque, el grupo lleva a cabo recorridos por las zonas donde habitan los animales, para estudiar sus patrones migratorios, de alimentación, de cortejo y de hábitat. También hay una labor de limpieza alrededor de la pista, pues los deshechos pueden atraer fauna de todo tipo.
Son pocos los accidentes con aves los que se han presentado en nuestros espacio. Es más, en un año, sólo se tiene registro de uno que no tuvo ninguna consecuencia.

Sin embargo, si llegara a ocurrir un evento tal, el grupo de Gestión de Riesgo tiene diseñado un protocolo para responder a la emergencia.
“Todo empieza con el piloto. Él debe reportar de inmediato el incidente a la Torre de Control, luego nos avisan a nosotros y a los grupos de socorro, y todos nos dirigimos a la pista para tomar las medidas debidas”, explica Vivian.
Cerca nuestro hay alcaravanes, ibis negras, garzas, gavilanes y hasta torcazas. El grupo de Gestión de Riesgo, que cuenta con cuatro oficiales operativos, tiene identificadas las especies, los momentos de mayor peligro, los lugares más poblados por aves y los horarios de vuelos. Así, toda emergencia está controlada antes de que ocurra y, sin no es suficiente, entonces se activan las medidas de choque con luces, armas de ruido o drones.
La seguridad es un asunto primordial en el Olaya Herrera, y ninguna medida se pasa por alto para que los viajeros se sientan tranquilos a la hora de abordar un avión.

 

Fotos de Luis Emilio Tobón- ganador del Premio Fotográfico Olaya Herrera liderado por Airplan.

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